Como ya sabéis, mi blog preferido, Dos DivergentesMentalmente Desorientadas, organizó un concurso de relatos sobre Divergente y
Los Juegos del Hambre, el cual terminó el viernes sus votaciones, y, ¿adivináis
que? *sonido de tambores*
¡¡HE CONSEGUIDO EL SEGUNDO PREMIO!!
¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS LOS QUE VOTARON POR MI RELATO!!
Estoy súper emocionada porque es el primer premio que recibo
de un blog. Así que de nuevo, muchas gracias. *-*
Además añadir que mis contrincantes tenían unos relatos
PERFECTOS y muy emotivos, con los que me parecía muy difícil quedar entre las
tres primeras.
Aquí podéis leer los otros dos relatos ganadores, que son
totalmente ASDFGHJKLÑ: el de Selene y el de Dillaardi.
Impresionantes, ¿verdad?
La noche caía sobre su cabeza y la oscuridad se había
propuesto llegar a todos los rincones posibles. Tampoco el frío estaba de su
lado en aquel momento.
Se hundió todavía más es la bufanda gris que poseía como
recuerdo de su antigua facción: Abnegación. Si alguien le hubiese visto habría
creído que era un acto de cobardía ante su nueva facción. Pero él sabía donde
estaba y el por qué. “Facción antes que
sangre.” ¿Cómo olvidar ese lema? Había dejado atrás a su familia, su hogar y
toda su vida teniendo que olvidar todo aquello para poder hacer su elección.
Una elección que había cambiado todo lo que conocía hasta el momento. Una
elección que definía sus creencias.
Echaba de menos a sus padres, pero sobre todo a su hermana,
Beatrice. Ella, al igual que él, había
acabado dejándolo todo atrás, pero su elección no había sido la correcta
teniendo en cuenta lo que se avecinaba. Y era de crucial importancia estar en
el bando adecuado. Los secretos que acechaban con destruir su mundo eran cada
vez más grandes y el descontrol futuro presentaba un gran peligro. Pero no, no
estaba allí para apenarse por lo que pasaría, sino para poder decir adiós
definitivamente lo único que le hacía dudar sobre su nueva vida.
Caleb oyó un suave ruido que le devolvió a la realidad en la
que se encontraba. Una pequeña y delgada figura vestida de negro se acercaba a él
son sigilo, pero Caleb no tuvo miedo porque sabía quién era.
— Caleb —susurró una dulce voz de mujer y al segundo
después, ella ya se había refugiado en su pecho. Ambos disfrutaron de un par de
minutos juntos, recordando como pocos meses atrás habían quedado a escondidas
para tan solo sumergirse en los brazos el uno del otro.
— Susan, ¿estás bien? No tenemos mucho tiempo.
Susan se apartó un poco de él pero se quedó lo suficientemente
cerca como para sentir el calor que desprendía su cuerpo. Ambos se habían
escapado por una noche de sus respectivas facciones para solo poder despedirse
como de merecían.
— ¿Por qué, Caleb? Podríamos haberlo hecho, tú y yo, en
abnegación. Si te hubiese quedado estaríamos juntos, tendríamos un futuro
juntos —a Susan se le quebró la voz.
— Lo siento, se lo que he perdido por haber hecho mi
decisión, lo sé y no tienes ni idea de lo que me gustaría estar contigo, pero
necesito que me escuches —hizo una pausa para ver si Susan le interrumpiría,
pero ella solo asintió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Tenemos
problemas, tú, yo, las facciones, todos. Grandes problemas. Por eso necesito
que me prometas que tendrás cuidado, que buscaras un sitio seguro cuando la
guerra llegue.
— ¿Qué guerra?
— No te lo puedo decir, te juro que hay muchas razones
ocultas, pero tienes que confiar en mí, necesito que confíes en mí. Te quiero
Susan, y lo sabes —dijo todo aquello de un tirón, sin detenerse a pensar en las
consecuencias de sus palabras, pero sorprendentemente Susan solo volvió a
asistir y se inclinó para besarle.
Este era su segundo beso y fue tan increíble como el
primero. Abnegación prohibía cualquier tipo de demostración pública de amor,
pero ahora nadie les podía detener. Los dos se entregaron por completo a aquel
beso, aquella pasión y desesperación que sentían. Después de un par de
segundos, Susan se apartó de golpe y empezó a alejarse de él.
— Yo también te quiero —dijo ella y salió corriendo en dirección
a su facción.
Caleb volvió a quedarse solo, tiste y melancólico. Aquella
había sido la primera y última vez que le decía “te quiero” a alguien que no
fuese de su familia. Sabía en el fondo de su alma que la huella que Susan había
dejado en su corazón no podría curarla nadie más que ella. Era duro decir adiós
a alguien que aún quería seguir teniendo a su lado.


ASDFGHJKLÑ *-*
ResponderEliminar*Cassia muere de amor*
Me encantó tu relato, Beatrice. Amo a Caleb. También es uno de mis personajes favoritos de Divergente :)
P.D: Te he nominado a un premio: http://divergentesmentalmentedesorientadas.blogspot.com.es/2013/03/otro-premio.html
Love always,
Cassia.
Muchas gracias, Cassia, de verdad, me alegro mucho de que te gustara. :,)
EliminarEn cuante tenga un ratito lo hago. :)
Con amor siempre, B.